Una cosa es turismo, y otra inmigración

Alguien dijo alguna vez: “La mejor cura para el racismo, el clasismo o el segregacionismo, es viajar”, y es cierto, cuando uno viaja tiene la oportunidad de conocer a muy distintas personas de una forma muy superficial, pues las conoce como turista.

Una cosa es turismo y otra inmigración. A medida que va pasando el tiempo, uno va conociendo la realidad nacional del país en donde uno reside, y sirve para ver el país de origen – en mi caso Colombia – desde lejos; dicen que el bosque se aprecia mejor desde cierta distancia ya que desde muy cerca solo se ve el árbol, pero también es cierto que la migración siempre se debe a condiciones desfavorables que lo obligan a uno a buscar mejores horizontes.

Voy a seguir las instrucciones de una amiga y, de hecho una recomendación que yo mismo le doy a mis hijos: Estoy pensando…

Tantas cosas positivas, tantas bendiciones.

En este momento en que el transcurso de mi vida se puede dividir en dos, una vida premadura de 24 años y 9 meses en Colombia y otra en la que adquirí la madurez de 24 años y 9 meses en Costa Rica, si, ya sé, están haciendo matemáticas: 49 años y 6 meses, esa es mi edad. En todo este tiempo he tenido la oportunidad de conocer muchos lugares como turista, un país como natural y otro como inmigrante, con todas las ventajas de cada una de esas condiciones. Siendo colombiano de nacimiento siento un especial cariño por mi ciudad y mi país de origen que admiro y extraño, que veo como extraño cada vez que la voy a visitar porque Bogotá es otra ciudad completamente distinta: el clima es similar, el frío extremo y la sensación térmica extrema siguen siendo las mismas pero no así la sensación de inseguridad, de amenaza constante y la altura sobre el nivel del mar, Millonarios y SantaFé siguen siendo los mismos en el mismo estadio pero ahora hay camisetas con patrocinadores, algo inimaginable hace esos años, los guayos no tenían marca visible, hoy en día son de marca obligatoria por compromisos comerciales, o mejor dicho, porque los derechos fueron vendidos a Nike, Adidas, NewBalance, Golty o quien esté de turno. De resto muy poco ha cambiado. Los futbolistas buenos tienen carrera en Europa o, al menos en la MLS, México, Argentina o Brasil (en ese orden).

Costa Rica es ahora, después de la mitad de mi vida, mi lugar, la ciudad de mediano tamaño, rodeada de extensas zonas rurales que combinan la agricultura, ganadería, bosque tropical húmedo, playa a 45 minutos, jungla a 30 minutos y mucho por hacer, mucho por crecer. Una ciudad que conozco en muchos aspectos mejor que muchos nativos pero en otros mucho menos pues en estos años uno se concentra en una sola zona porque no hay ese espíritu aventurero ni las amigas que lo invitaban a visitarlas en barrios alejados, porque hasta en eso son diferentes los ticos y los cafeteros. El colombiano invita a la casa, el tico no. El tico es muy  reservado, con mucho celo del espacio personal pero es muy amiguero, situación muy distinta a la de ser buen amigo.

Al final, se trata de dos realidades paralelas con las mismas condiciones dibujadas con el mismo patrón pero una es al oleo y la otra una acuarela. La melodía es la misma pero la letra cambia, es como si Peter Pan hubiera deseado crecer y dejar de volar pero sin encontrar un lugar para aterrizar, no por eso deja de ser Peter Pan.

Un país es la fiel copia del otro, un universo paralelo en donde este protagonista omnisciente viviera las dos realidades con pequeñas grandes diferencias. Por un lado está la forma de vida: dos países profunda y afortunadamente conformes con ser tercermundistas, con esas ventajas del ser latinoamericanos, con la tranquilidad que respalda al mediocre, pero que le hace la gestión más fácil al apasionado porque no encuentra competencia, con el paternalismo o sindicalismo que apoya al igualado y, en el otro país: la intranquilidad que agrupa al grueso de la población abandonada, que no para de quejarse de todo pero que no hace nada por ser mejor, esos que esconden su mediocridad detrás de la trillada frase “yo soy echado palante” o aquella más absurda: “los buenos somos más”, en donde las grandes iniciativas se ven truncadas por el obstáculo constante a las oportunidades, en donde no puedes hacer nada ni desarrollarte si no tienes la palanca indispensable, muchas de ellas por la misma gente de la clase trabajadora que en su egoísmo solo permite las cosas para su grupo.

Las diferencias: muchas, dentro de la misma igualdad. En Costa Rica hay un sentimiento de igualdad que a nadie le incomoda, por el contrario, la gente disfruta. El regionalismo de unos se cambia por el fanatismo futbolero de los otros, ambas luchas estériles e irracionales, parece que el ser humano busca mas los puntos de vista distintos y la controversia que los puntos en común. Mientras en Colombia se vive intensamente la rivalidad entre costeños y cachacos, bumangueses y cucuteños, en Costa Rica se vive con intensidad la rivalidad entre Liguistas y Saprisistas, sin importar la procedencia geográfica del tico, se tratan como iguales guanacastecos y los de Pérez-Zeledón, heredianos y josefinos, etc., pero el sonsonete de los resultados de los únicos 3 equipos de primera división existentes continúa hasta el siguiente fin de semana. Por otro lado, el nacionalismo es distinto, cada uno lo vive aparentemente de la misma forma, sin embargo hay algunas similitudes negativas odiosamente espantosas que se dibujan de forma diversa: Saprissa es más importante que LaSele, y en el otro lado, se espera que La Selección juegue mal porque no alineó al jugador de mi equipo América de Cali. Por acá hay quienes celebran cuando Keylor Navas está banqueado en el Real Madrid simplemente porque es Saprisista, no costarricense. En Colombia, esta condena mediática se vive con muchas similitudes, los manejadores de los jugadores pagan dinero a los comentaristas deportivos prostitutos para que eleven el concepto público de este o aquel y, especialmente, para que acaben con la vida deportiva de otro. Algunos de estos comentaristas se han auto-llamado con nombres ridículos como “El Profe”, “Trapito”, “Farfanntástico”, “Edgar” y otros, la lista es larga. Escuchar un programa deportivo de lo que estos llaman “polémica” es un culto a la inquisición, en donde se han condenado a personas como Falcao, Cochise, James, Jackson, El Pibe, Lucho Herrera, Nairo, etc., por una simple y sencilla razón: exigieron grandes sumas de dinero a los deportistas y estos se negaron a tal extorsión. Es vergonzoso escuchar a “Farfanntastico” azotando a Juan Guillermo Cuadrado en todos los partidos y callándose cuando este se juega un partidazo.

En el campo político ocurre de la misma manera, la oposición nunca es constructiva, es destructiva y, en la mayoría de los casos, a costa de miles de empleos de personas que no tienen nada que ver. Se trata de ganar por ganar, nunca de ganar porque es lo mejor para el país. En ambos países ocurre igual, con la diferencia de que en Costa Rica los delitos no dan para cárcel mientras que en Colombia si, por delitos de traición a la patria, prevaricato, estupro, paramilitarismo, peculado y otras bellezas.

También están los delitos de favorecimiento a terceros por asesorías, ejemplos: JM Figueres en Costa Rica y Natalia Springer (nombre de fantasía de Natalia Marlene Lizarazo García, en Colombia), lo cual me lleva a recordar la tan odiosa conducta auténticamente colombiana de llamar a todo el mundo con el título de “Doctor o Doctora”.

“Doctores” que han sido famosos en Colombia:

Muchos de estos verdaderos famosos y que han atravesado fronteras es la Dra. Carolina Olivares Maldonado (nombre de fantasía de la humilde recolectora de café de nombre Teresa Suárez “La Gaviota”), obviamente La Gaviota no era doctora, ni siquiera concluyó sus estudios de primaria pero por el doctoramiento colombiano llegó a ser la negociadora principal del precio del café colombiano en Londres. En Colombia cualquiera es doctor, no es un título profesional, es una forma de respeto que tienen que presentar los pobres ante los que llegaron a un puesto intermedio, a un mando medio y, por imposición se auto-titulan como “Doctores”.

Muchos a manera de burla, llaman a algunos de estos como “el dotor” o “la dotorcita”. Ejemplos de estos podemos tener a Daniela Ospina, esposa del 10 del Real Madrid, James Rodríguez a quien durante el Mundial 2014 se le empezó a llamar “la doctora” dueña del corazón de James, y al investigar el título de doctora se encontró con que la doctora es voleybolista, y ya. No dan título de doctorado en voleybol. Y podemos seguir buscando ejemplos de los 30 millones de “doctores” que hay en Colombia. Algo impensable en cualquier otro país en el mundo. Este comentario podría resultar ofensivo para un colombiano raso pues estaría descalificando a la doctora Daniela, no, de ninguna manera la descalifico, personalmente me encanta esa pareja y mi ídolo es James pero no es menos persona si no se le llama doctor o doctora a quien no tiene el título, ni siquiera Honoris Causa.

Similitudes odiosas

El matonismo.

Las redes sociales en Colombia se llenan de vez en cuando con los “hashtags” #UstedNoSabeQuienSoyYo y frases similares muy comúnmente utilizadas por el colombiano común aunque no esté en Colombia, son causa de risas y de lo que los ticos llaman “pena ajena”. Las amenazas de que son víctimas los funcionarios públicos, especialmente los oficiales de policía ante la frase mencionada, en la cual denotan que tienen inmunidad para estar por encima de la ley ya que son familiares de un político influyente. Esta experiencia la hemos visto en Costa Rica por colombianos desubicados que han amenazado a oficiales de migración con llamar al Presidente Arias o por amenazar a un mesero en un restaurante porque “soy el hijo del capitán XYW del ejército colombiano”, ridículo.

Sin embargo, Costa Rica no se escapa a la conducta similar del muy popular “Estamos en Costa Rica”, frase muy arraigada mediante la cual los extranjeros supuestamente no tienen derechos, por medio de la cual quien dice la frase sostiene que tiene derecho a ser grosero y tratar a la gente con malas palabras, frase con la cual se justifica botar basura a la calle porque “para eso está la municipalidad” que tiene la obligación de recoger la basura que yo arrojo a la calle, al río, al mar, a la playa.

Similitudes en la cultura “ecológica”, en donde se promueve al país como un destino muy visitado por su selva tropical protegida PERO, en donde sus ciudadanos botan toneladas de basura diarias a los ríos y se hace una caza de huevos de tortuga amparada y aleta de tiburón por el gobierno. Con la diferencia de que se ha vendido al interior del país de que vivimos en el país mas feliz del mundo (y la gente se lo cree) porque dizque Costa Rica es el único país en donde hay elecciones presidenciales, porque es el único país con el 20% de su extensión como áreas protegidas, porque es un país ampliamente visitado por norteamericanos que vienen a conocer sus maravillas ecológicas. Craso error cuando nos damos cuenta de que hay mas personas visitando los parque de la Florida y California en un solo día que los visitantes de Costa Rica en todo un año. Y, además, porque un alto porcentaje de los norteamericanos que visitan nuestro país, lo hacen por el turismo sexual en todas sus variedades, y por el consumo libre de drogas, tan libre como lo es en otros países, pero sin los riesgos mortales que existen en otros países como Colombia.

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