ME SORPRENDE LA MALDAD DEL MALO Y LA INDIFERENCIA DEL BUENO

Cualquier palabra para describir las atrocidades de la humanidad se queda corta cuando hablamos de los que roban, secuestran y matan a sus propios hermanos. Dicen que no hay cuña que más aprieta que la del mismo palo. Pues nada como vivirlo en carne propia como colombiano y como hermano.

Hoy se vieron en todo el mundo marchas de apoyo a la gente, a la propia gente, a los padres y hermanos que fueron arrebatados de sus familias por unos asesinos con el alma podrida de tanto robar y matar.

En muchos países del mundo se vieron muestras de solidaridad con la gente que está secuestrada y se escucharon las mismas palabras de siempre: acabemos con ese flagelo, repudiamos el secuestro, no más secuestros, no más FARC.

¿Y si marchamos TODOS y rodeamos la zona en donde se sabe están los secuestrados?

Porque estas marchas se hicieron LEJOS de donde están los secuestrados y muy cerca de la gente, del gobierno y por allá apenas si se enteraron. Probablemente la mayoría de los secuestrados, nunca se enterarán.

La mayoría de los secuestrados fueron tomados por la fuerza y se están muriendo en la selva retenidos por mil asesinos inútiles, vagos, vergüenza del mundo, de la raza humana y QUE VAINA! ellos dicen que son colombianos.

Sin embargo, hay unos pocos secuestrados que están en donde están porque quisieron ser protagonistas egoístas de sus propios sueños. Muchos vivimos partes de nuestras vidas cerca de estos asesinos y conocimos el tipo de gente con la que estamos lidiando, un montón de fanáticos, idiotas, asesinos, ladrones, convencidos de que el camino es la estupidez y la ignorancia sin ninguna razón más que su orgullo, el mismo orgullo que llevó a Ingrid Betancur a buscar lo que no se le había perdido. Pero es triste que no se pueda viajar por Colombia sin sentir el terror de pensar que podemos acompañar a más secuestrados.

Y es más triste ver que la familia de Ingrid Betancur quiere manejar el problema de manera Elitista, pues Ingrid es más importante que los demás secuestrados. Y más triste es recibir un periódico en el que se relata una masacre en un pueblo y al ver la lista de muertos se descubre que todos eran amigos y conocidos, gente buena como uno con la que jugué basketball, disfruté en grande y hasta compartimos en paz.

Y más triste es ver que el propio hermano es el peor enemigo, una fiera rabiosa que se cree sus propias mentiras, hasta que las hace creíbles a los oídos tontos de los vecinos y volvemos de nuevo con el maldito orgullo como verdadero protagonista de la fuerza mas poderosa empleada por la humanidad, la estupidez.

Según algunos la marcha era un apoyo al gobierno del Presidente Alvaro Uribe, entiendo entonces que Uribe no quiere más secuestrados, no quiere más FARC. El problema es que los que dijeron esto, lo hacen movidos por la misma razón, el maldito orgullo egoísta, elitista y estúpido.

Por eso hoy me impresiona la maldad del malo y a indiferencia del bueno, pero me indigna más aún la ambición oportunista del que se quiere hacer llamar bueno, no importa que se llame Hugo, Piedad, Oscar, Yolanda o Ingrid. Cualquiera puede llamarse como quiera llamarse, lo que no es fácil es querer hacer sin querer figurar, querer poder sin querer sobresalir, querer hacer algo sin querer nada a cambio

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